
A partir de hoy, viernes 13 de junio, todo el que lo desee podrá enviar teléfonos celulares de Estados Unidos a Cuba. No es que Cuba niegue a quién lo desea enviar celulares, o cualquier otro equipo electrónico, a los habitantes de la Isla, sino que es el propio gobierno de Estados Unidos el que prohíbe a sus ciudadanos enviar a Cuba cualquier paquete, e incluso limitar, como es arto conocido, las remesas económicas a familiares en Cuba. Pero ahora, cuando el gobierno del General Raúl Castro decidió entre las tenues reformas que han realizado en estos meses, dejar que los cubanos puedan también tener celulares (algo que anteriormente solamente estaba permitido a los extranjeros), el actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Busch, (por suerte no por mucho tiempo más) en un gesto altruista y desconcertante, ha permitido a los estadounidenses que así lo deseen enviar a Cuba teléfonos celulares.
La razón, según informó el Departamento de Comercio de los Estados Unidos de Norte América, es para ver hasta que punto el gobierno de la Isla permitirá a los cubanos comunicarse libremente. Cualquier cubano de adentro y muchos de los que vivimos afuera, sabemos que desde hace ya muchos años el contacto telefónico con Cuba, aunque absurdamente demasiado costoso, precisamente por los efectos colaterales del bloqueo, incluyendo claro está la telefonía móvil, es algo totalmente permitido por la autoridades cubanas, y que la medida que anuncio Bush el pasado 21 de mayo durante el mal llamado día de la solidaridad de la Casa Blanca con Cuba, solamente, y a lo sumo, tiene un amargo sabor de politiquería barata, algo que ha marcado, desde sus inicios, la política de su administración hacia Cuba, siguiendo la línea de los ultra derechistas del llamado exilio cubano de Miami.
Sin embargo, mientras Bush o Carlos M. Gutiérrez se muestran extraordinariamente susceptibles en ese arrebato por “ayudar” a los cubanos a que puedan “comunicarse libremente”, y son capaces de derogar la prohibición de enviar celulares a Cuba, lo cierto es que en otras áreas tan importantes como la telefonía móvil, como es el caso de Internet, el gobierno estadounidense sigue estrangulando el ancho de banda de la red de redes a la Isla, negándole el acceso a los cables que solamente pasan a unos escasos metros de las aguas territoriales de Cuba.
Si existiera un verdadero deseo para que los cubanos pudieran “comunicarse libremente” el acceso que hoy cruelmente bloquea Estados Unidos a Internet, debería también ser derogado, algo que las autoridades cubanas utilizan hábilmente para negarle a la población el acceso privado a la red de redes.











